Una mesa para todos

En un mundo lleno de etiquetas y grupos excluyentes, se hace necesario hacer un lugar en la mesa para el marginado, para que deje de comer migajas y se siente junto a otros a la mesa. Incluir al Excluido es la tarea en este mundo. Salgamos en búsqueda de los que no están, hagamos un lugar al marginado en la mesa de la felicidad.

martes, 26 de abril de 2011

Esnob


Esnob: Persona que imita con afectación las maneras, opiniones, etc., de aquellos a quienes considera distinguidos. U. t. c. adj.  Esta es la definición que la real academia de la lengua española admitió hace ya varios años. Proveniente del anglicismo Snob, esta palabra tiene una interesante historia. Según la versión más difundida de su origen, esta palabra nace cuando las Universidades de Princeton y Cambridge se vieron obligadas  aceptar entre sus estudiantes a jóvenes sin título nobiliario, entonces en la lista se colocaba el nombre del estudiante y la abreviatura s/nob que quería decir, sin título de nobleza.

Desde entonces este adjetivo se ha utilizado para aquellas personas que imitan los gustos y lujos de los ricos sin serlo. Aquellos que se visten con marcas caras, que hablan como ricos, que comen lo que los adinerados llaman exquisiteces y todas esas cosas.

Ahora, todo lo que hay detrás de este concepto es una brutal exclusión. Porque son los adinerados y poderosos los que en el fondo dicen: “somos especiales, distintos, con gustos y practicas exclusivas de los de nuestra clase y todo lo que puedes hacer tu es imitarnos, porque  nunca serás como nosotros”. Hoy el esnob es querer ser “cool” (otro anglicismo nefasto) sofisticado, bakan, macanudo, etc., según la palabra que prefieran.

Y estamos todos un poco “esnobizados”. Todos con Blackberry conectados a twitter todo el día, comprando entradas de 1 millón de pesos para ver a Paul McCartney, pendientes der cada detalle sofisticado de la boda real, con ropa de marcas, comiendo sushi e locales del barrio alto, etc. Nos estamos llenando de lugares exclusivos y excluyentes, donde entrar o pertenecer te da un status distinto, como si te hiciera mejor que los que no pueden entrar. Hemos puesto barreras para sentirnos especiales, sin dejar que otros pasen. Que no se les ocurra venir, solo van a flaytear el lugar. Decirle roto a la gente se ha convertido en un hobbie para muchos, que andan clasificando y etiquetando a la gente según sus ingresos económicos y sus gustos. Según el agua mineral que toman y la peluquería en la que se cortan el pelo.

Basta ya, nos obligan a tener. Te hacen sentir que para ser alguien debes seguir una moda, hablar determinadamente y seguir los gustos de un par de ricachones a los que se les ocurre que algo es “in” o “out” según como se levanten. Pura exclusión. Y después nos quejamos de las desigualdades económicas y de la falta de solidaridad. Si a cada segundo te etiquetan, si te miden como si fuera una prueba a cada segundo.

El dinero corrompe y excluye. A Cristo nunca le gusto el dinero. Quieren dominarnos, quitarnos los sueños, atomizarnos hasta que ya no podamos vernos. Nos ponen como enemigos y distintos para que no podamos cambiar el mundo. Para que el amor no prospere ni libere. Nos hacen esclavos del dinero y la moda, porque saben que nos morimos por pertenecer a algo, que nos sentimos solos y buscamos aceptación. Porque somos tan individualistas que nos hemos quedado solos y buscamos consuelo en los clubes exclusivos, donde podemos pertenecer y ser especiales. Nos quieren dominar, pero aquí estamos de pie, luchando, no con odio, sino, con amor. Usando su mismo sistema, pero desafiándolo a la vez.


miércoles, 20 de abril de 2011

Esa peligrosa radicalidad


Del blog territorio abierto de Jesuitas en formación, visita su pagina web. Por Cristobal Emilfork sj, Periodista
Cuando se habla de radicalidad solemos pensar en extremos, en posturas que no se transan, en valores que permanecen incólumes por los siglos de los siglos, y por los cuales aquéllos que se consideran “radicales” están dispuestos a morir.
La radicalidad huele a entrega, a decisión, a sacrificio… a firmeza de carácter.
Pero a veces en su nombre también se amparan la intransigencia, la miopía, la incapacidad de dialogar, y un gigantesco “prejuicio” tatuado en la frente, y quizás también en los ojos. Ojos que nos cierran a lo nuevo, y que asumen categorías inamovibles, aterradoramente conservadoras. Conservadoras de la intolerancia y de la “etiquetización” de las personas, de los grupos sociales, de la humanidad.
Creo que hoy corremos el riesgo de ser peligrosamente radicales… en ese segundo sentido del término.
Sin embargo, la verdadera radicalidad parece marchar en un sentido contrario. La verdadera radicalidad parece vestirse con el traje de la humildad, ponerse los zapatos de la apertura y lleva la tolerancia inscrita no en la frente, sino que en el corazón.
La radicalidad de quien es capaz de reconocer la verdad presente en el otro con el que se discute. La radicalidad de aquél que pone en duda sus supuestos conocimientos infalibles, la radicalidad de quien sabe que el mundo es mucho más que las etiquetas que desfilan por nuestros medios de comunicación y que en un insensato afán simplificador cuelgan adjetivos sobre todo y todos para hacer más digerible la realidad.
La verdadera radicalidad no es presa del miedo que puede acampar bajo la aparente convicción. La radicalidad sabe que los de derecha pueden hacer bien las cosas, así como también los de extrema izquierda.
La radicalidad piensa que quizás sí se le puede dar mar a Bolivia, que el caos no necesariamente arribará con Ollanta en la presidencia del Perú. La radicalidad va más allá de criticar la insensatez de Van Rysselbergue o de pensar “terrorista” cuando escuchamos mapuche en la televisión. La radicalidad despercude nuestros prejuicios y nos abre a la novedad que lleva consigo cada ser humano, cada día, en cada minuto.
Es lógico que hoy la radicalidad surja entre nosotros. Si vivimos en tiempos en que algunos políticos no piensan en el bien común sino en la ganancia personal, en que algunos sacerdotes no respiran Evangelio sino que poderío, abuso o corporativismo, o en que algunos medios no pasan noticias sino sólo publicidad, es lógico que dudemos. Es lógico que busquemos certezas dónde afirmarnos, sitios donde guarecernos frente a ese tsunami que cuestiona todo, absolutamente todo.
Pero la radicalidad verdadera nos pide seguir creyendo. Seguir creyendo en el otro. Y clama porque no (nos) encasillemos. La radicalidad nos invita a sentar en la misma mesa a prostitutas y guardianes de las buenas costumbres, a obreros y a empresarios, a momios y a rojos. Porque ella no teme ser cuestionada, decir la verdad sobre su inmensa miseria y pedir ayuda para seguir caminando cada día más abierta, cada día más verdadera.

lunes, 11 de abril de 2011

Lo que hay detrás de Karadima



Este es un post que escribo pensando en las victimas de las desfiguraciones del evangelio. Porque Cristo vino a incluir y liberar, no a someter ni dañar. Porque Cristo hizo ver a los ciegos y brillar la verdad, el secreto y la ignorancia son contrarios al evangelio de Cristo.

Trabajo hace diez años en comunidades eclesiales de base, en grupos y movimientos católicos. He recorrido Chile en misiones y encuentros, y claramente, el caso Karadima es un impacto tremendo en la vida pastoral, no por el honor perdido como creen algunos, sino, porque es una falla, un error que no supimos evitar como iglesia. Porque es infidelidad con el mensaje liberador de Cristo y porque se daña a inocentes.
Pero los abusos sexuales y la lenta acción de algunas autoridades eclesiales tienen su punto de partida en equivocaciones y distorsiones anteriores. Conozco gente que visito alguna vez la parroquia del bosque y vieron el raro clima que se vivía en aquel lugar. Karadima era visto casi como santo, había una reverencia total hacia el. Esto que puede parecer bastante banal no lo es tanto. Muchos le hicieron ver a los obispos de la época estos hechos, que son al fin y al cabo, una distorsión del rol de los sacerdotes. La palabra del cura no es verdad absoluta, es Cristo la única verdad. La comunidad no está al servicio del cura, sino, el cura al servicio de la comunidad. Una educación espiritual que involucre el pensamiento crítico, que alimente el discernimiento espiritual de lo bueno y lo malo, de lo que nos acerca y nos aleja de Dios, es fundamental en el ministerio sacerdotal y en toda practica pastoral cristiana. Porque Cristo nunca negó la razón, más bien la uso y la promovió, la fe involucra a la razón, por más que a veces escape de ella.

Esta distorsión de la visión del sacerdote, facilita el secretismo, los abusos y las equivocaciones. Porque el pastor se vuelve incuestionable, venerable y centro de la fe, que no es otro que Cristo mismo. Entonces la comunidad se vuelve cultivo de poderes mal entendidos, de caprichos y de desviaciones. Se puede hacer lo que se quiera, nadie me cuestionara, nadie dirá nada, todo parece bueno, y si no, es palabra del cura, el sabrá porque lo hace.

Y son estas cosas las que la iglesia debe vigilar. El sano ejercicio del sacerdocio o de cualquier ministerio pastoral que ejerza un consagrado o un fiel en la iglesia, se basa en su compromiso radical con Cristo y su evangelio, siendo testimonio de verdad y humildad, procurando presentarles al  Padre que Cristo presento, un Dios de Amor, que envía a su hijo a liberar al mundo de la esclavitud del pecado, que ama al pecador y al excluido.
Si hay algo que Cristo siempre cuestionó fue el anquilosamiento del poder, cuando este se sirve a sí mismo y no al prójimo. Y lamentablemente sobre todo en la  vida eclesial clase alta chilena, el poder tiene demasiado lugar.

Karadima no solo fue castigado por abusador, sino, por mal sacerdote. Su círculo cercano fue intervenido porque se sospecha de la inidoneidad de su itinerario formativo, que puede no estar siendo una herramienta eficaz para mostrar el amor de Dios ni contribuir a la construcción del reino. Que fue lo mismo que pasó con los Legionarios de Cristo y Marcial Maciel, que construyo un imperio para desarrollar sus mas pervertidas practicas.
Y es en esto donde se quiere avanzar. La vida religiosa y laical debe guiarnos y guiar a los demás hacia Cristo, y para eso hay muchos que luchan y han dado la vida, a ellos mis saludos y mi unión en la construcción del reino. A.M.D.G

sábado, 2 de abril de 2011

¿Hasta cuando esperamos?



El cierre de la división Ventanas de Codelco, como consecuencia de varios recursos de protección por contaminación del medio ambiente, y su posterior reapertura, han sido tema obligado en los noticieros nacionales y por varias razones.

En primer lugar por el tema medio ambiental. En este sentido Ventanas no ha sido el único caso de conocimiento público, lo fue Barrancones e hidroaysen, como en su momento fue Celco. En ese sector del litoral central, cerca de Quintero, se encuentran varias faenas industriales que han contaminado por aos el sector. En el verano fui a visitar Ventanas, otrora hermoso balneario, que hoy no es sino, el cadáver de algo que existió, con notables muestras de contaminación con una chimenea a escasos metros de la orilla y con un turismo erradicado por la misma contaminación.

En esta última semana, además se conocieron varios casos de gente que ha sufrido por años los efectos negativos de la contaminación, generando enfermedades en ellos y en varios integrantes de cada familia. Las historias eran conmovedoras. Familias enteras afectadas por cáncer, otros vieron agudizadas ciertas patologías, pero todos tenían en común lo mismo; son gente pobre y humilde, que trabaja por el sector para poder subsistir y que les cuesta mucho dejar su tierra, tanto por el trabajo (que hoy no es fácil encontrar) y por las raíces que ha echado en ella.

Quizá para algunos es difícil entender porque la gente no se va de esos lugares arrancando de la nociva contaminación. Yo también me he hecho esa pregunta, pero la pregunta más grande que me hago es la siguiente ¿Por qué nadie ha hecho nada para enfrentar una situación de tan larga data? Porque no solo es ventanas, tenemos una serie de problemas con la contaminación ya sea por los residuos de la minería en el norte, por la matriz energética a lo largo del país o por todas estas faenas industriales en el litoral central.  Entonces ¿hasta cuándo nos quedamos quietos?

Y entonces el asunto decanta en algo que parece sencillo que demora mucho tiempo en hacerse realidad; ¿Qué hacemos con esto? La pregunta es así de sencilla, pero con una respuesta un poco más compleja. Porque la cuestión versa sobre como compatibilizar la satisfacción de necesidades industriales (matriz energética, producción industrial como cobre u otros minerales, manufactura, etc.) que son importantes para la economía de un país (saltándonos hoy el debate sobre la redistribución del ingreso y la retribución justa de las ganancias empresariales), el respeto por la naturaleza y el bien de las personas.

No es un asunto fácil, y puede parecer de pero gruyo, pero aun así, todavía no hacemos nada para resolverlo. Que esta primero ¿la ecología, las personas, la economía? Es difícil priorizar cuando se sabe que una actividad o decisión dañara si o si a alguna de estas piezas. Pero queda claro que durante muchos años, ya sea por ignorancia o por mala intención, la salud y el medioambiente estuvieron por debajo de la economía en prioridad, entonces se piensa primero en el negocio que en el bien común.

No tengo solución para dar, pero si un poco de sentido común, aquí lo que falta es hacer frente a los temas que nos interpelan, pero todos juntos. Las autoridades deben actuar como tal y la opinión pública hacer un poco más que demostrar su disconformidad vía twitter, y cada uno en su orbita, porque lamentablemente, no se puede estar en todos lados ala vez,pero lo que todos podemos perseguir desde distintos lugares ees el bien y la verdad ¿hasta cuando esperamos?

miércoles, 16 de marzo de 2011

Con los brazos abiertos

Un reportaje de un canal de televisión sobre la problemática realidad de los migrantes en Antofagasta, me invita a escribir nuevamente sobre esta situación.

En Antofagasta residen legalmente más de 1100 migrante de distintas nacionalidades, se estima que este año ya han entrado más de 300 ilegales. Solo el año pasado se expulso del territorio nacional más de 500 migrantes irregulares. Estos números son una muestra clara de una realidad que no se puede negar. El fenómeno de la migración llego a la ciudad para quedarse y debemos aprender a hacerle frente y convivir con ella. En el pasado fuimos los chilenos los que llegamos a otros países, ahora, nuestra estabilidad política y económica principalmente gracias al cobre, frente al caos de América latina, nos hace lugar preferido para buscar nuevas esperanzas y horizontes, por más que dichos sueños solo queden en eso solo en sueños.

Pero pareciese que nuestro país, nuestra gente, no está preparada para asumir la migración de nuestros hermanos latinoamericanos de una manera fraterna. Nuestros hermanos peruanos son constantemente victima de burlas las, a los bolivianos los tratamos como inferiores, a los afroamericanos los tratamos de traficantes o prostitutas en el caso de las mujeres. Se salvan los argentinos, a los que solo tratamos de chantas. Claramente no puedo generalizar en esto, pero digamos que la mayoría reacciona de esta manera. A los turistas los recibimos bien, mejor aun si son europeos altos y rubios. Pero a aquellos que llegan buscando nuevas oportunidades, parecemos cerrarles las puertas.

Y quiero centrarme en los latinos que llegan a nuestro país, entendiendo que nos llegan visitantes de todo el mundo. Y en especial en lo que pasa en Antofagasta, donde los números que arriba expuse, corresponden mayoritariamente a peruanos, colombianos y ecuatorianos, estos dos últimos, en su mayoría de ascendencia afroamericana.

Es cierto que muchas mujeres que llegan terminan trabajando en el comercio sexual, que cada dia tiene más y mejores clientes gracias a los altos sueldos de la minería y sus servicios asociados. Es verdad que también entra mucha droga con los extranjeros y que muchos hombres son proxenetas de mujeres prostitutas. Pero también es verdad que no son todos, ni siquiera la mayoría. Es más, la mayoría de las veces llegan a nuestro país con la intención de encontrar trabajo, pero la exclusión de la que son víctimas los empuja muchas veces a tomar decisiones equivocadas. Es también verdad que no tenemos sensibilidad ante su realidad. No viene a otro país por tener una aventura en la vida, vienen buscando una mejor vida. Porque en sus países la cosa esta peor que aquí. Si nos quejamos del gobierno y las pocas oportunidades, de la delincuencia y la droga, imagínense como es la situación en el resto de América latina, que tantos viene aquí arrancando de los mismo.

La prostitución, la droga y la delincuencia son, en primer lugar, un producto nacional, que no necesita ser importado, porque ya esta instalado, en segundo lugar, es un producto de la exclusión, de un sistema económico y social cruel y hegemónico, que no permite alternativas, o que de haberlas, las devora tan rápido que no alcanzar a ser una amenaza.

La migración es un fenómeno que debemos afrontar como país. Debemos modernizar nuestros controles fronterizos, crear una política migratoria seria e incluyente y sensibilizarnos ante el crudo panorama que vive gran parte de la región, donde la pobreza y la exclusión han provocado una herida que ha dejado demasiados heridos.

A nivel gubernamental, tampoco estamos preparados para la gran llegada de migrantes a nuestro país. En Antofagasta solo había 2 funcionarios en extranjería, que no daban abasto con la demanda de visas y otros trámites y que obligaban a la gente a hacer filas desde las 2 de la mañana en la calle. Carecemos de una política migratoria seria no tenemos controles sanitarios ni incentivos profesionales o demográficos, tampoco desincentivos en caso de que no podamos recibí mas gente. En fin no hay política.

Y por ultimo existe necesidad de sensibilizarse ante esta realidad hay que ser mas acogedores porque muchos vienen buscando una vida mejor porque en su tierra no la tienen. Vienen madres solteras con sus hijos o sin ellos esperando armarse económicamente para poder traerlos. Vienen padres y familias enteras buscando oportunidades una vida buena, con paz y algo de felicidad, escapando del sufrimiento, y ante eso que se nos despierte el racismo y un nacionalismo rasca es verdaderamente vergonzoso. Que los que vengan sientan que los recibimos con los brazos abiertos para no generar más exclusión ni empujarlos a cometer errores. Así con los brazos abiertos

lunes, 7 de marzo de 2011

La catolicidad de las Universidades Catolicas

Del Padre Jorge Costadoat sj, publicado en su pagina web www.jorgecostadoat.cl

“Lo católico” acarrea problemas en el ámbito universitario. Cuando se confunde la misión de una universidad con las exigencias de la religiosidad cristiana, es la propia catolicidad de las universidades la que termina desprestigiándose. Pero “lo católico” puede contribuir efectivamente a la búsqueda de la verdad, objetivo y sentido de todas las universidades. Puede, cuando en “las católicas” se articulan debidamente la fe y la razón.
Cuando se hace depender la catolicidad de una universidad de la adscripción o devoción religiosa de sus alumnos y, sobre todo, de sus profesores, la universidad se enferma. Menciono tres patologías. Dos típicas: la simulación y la exclusión. En lo inmediato, la invocación religiosa de “lo católico” puede generar exclusión. Esto comentan en las universidades los académicos que temen ser mal mirados, o efectivamente lo son,  porque no creen en Dios, no son cristianos, tienen otro credo o no están a la altura de la doctrina de la institución. Por ejemplo, hay personas que temen no obtener la titularidad si se separan y, peor aún, si se casan de nuevo. En las “católicas” ocurre también que académicos lucen su catolicismo para congraciarse con el establishment. Esta simulación es penosa, pero además enrarece las relaciones entre las personas, crea sospechas, genera odiosidades.
A mi juicio estas enfermedades afectan la catolicidad de las universidades católicas porque contaminan su misión. Una universidad no puede ser católica si no estimula el ejercicio libre de la razón sin el cual se hace imposible llegar a la justicia y la paz social, objetivo último del quehacer universitario en la sociedad.
Los principales documentos eclesiales sobre el tema destacan que la misión de toda universidad es la búsqueda de la verdad. Las universidades católicas, a este respecto, no debieran invocar título privilegiado alguno. De hacerlo, atentarían contra su propia certeza teológica: la Iglesia cree que el Padre de Jesucristo es el Creador de la razón humana, razón de la que todas las personas gozan independientemente de su credo. De aquí que las universidades católicas debieran entender que, de acuerdo a la misma fe cristiana, su búsqueda de la verdad no es mejor ni peor que la de los demás, sino que se caracteriza por subrayar la necesidad del diálogo y del amor de la humanidad consigo misma, lo cual se consigue con aprecio de la diversidad cultural y sujeción a los métodos que sin daño de nadie la ciencia se da a sí misma. Las universidades cristianas, por esta razón, debieran ser espacios para aquella libertad de pensamiento que es posibilitada por una neta distinción de los planos de la fe y la razón que, paradójicamente, despeja el camino para una convergencia entre ambas. En estas universidades, los católicos no debieran pretender encontrar la verdad sin los no católicos. Se incurriría en un “pecado” en contra del Creador de unos y otros.
Donde hay falta de libertad, se estudia, se piensa, se dialoga y se enseña con dificultad. Por esta razón, el respecto a la conciencia y a la indagación científica, sobre todo mediante una institucionalidad capaz de corregir los posibles abusos, es condición para encontrar esa verdad que solo es tal cuando, por lo mismo, libera las potencialidades de todos y urge un compromiso con todos, especialmente con aquellos que no tienen quién investigue por ellos.
Menciono, por esto, una tercera enfermedad. La peor de todas. En nuestro medio la alianza entre la academia y la empresa privada debiera abrirse a una comprensión de la verdad humanamente más amplia, más humanizadora, que aquella que solo sirve para alimentar el capitalismo. Cuando, por el contrario, esta alianza es sellada con la colaboración de un catolicismo pío y estrecho, la injusticia social se vuelve incontrarrestable. Entonces prevalecen los intereses particulares sobre la búsqueda del bien común, y la opción por los pobres que debiera distinguir a las “católicas” cede a favor de la formación de los privilegiados de siempre.
Una universidad es verdaderamente católica cuando en ella la fe cristiana favorece la libertad de pensamiento y el compromiso por incluir a los excluidos o a los estigmatizados por su credo o por su vida.

jueves, 10 de febrero de 2011

El Leproso


REFLEXIÓN DE LA LECTURA BÍBLICA MARCOS 1, 40-45 SANACIÓN DE UN LEPROSO

El Hecho

Como es costumbre en Marcos, con pocas palabras y con mucha claridad literaria, nos presenta en la sanación de un leproso, una parte central del modo de proceder de Cristo, que nos invita a ir siempre en busca del excluido, del sufriente, del desposeído.

Este milagro de Jesús nos deja bastantes lecciones, es un texto bastante rico y en el que uno podría hacer bastantes reflexiones. Sin embargo, aquí se dibuja un tema central, que es el deseo de Jesús de incluir al excluido, de entregar amor al que no lo tiene, por más que ese acto de amor signifique romper con las reglas y costumbre sociales de su época,  a pesar de las consecuencias.

En aquel tiempo, los leprosos, así como otros enfermos, eran considerados seres impuros, indigno, por eso eran condenados a vivir lejos de la ciudad, nadie podía acercarse ni tocarlos, pues era motivo de sanción según  la ley de Moisés. En ese contexto, Jesús y el leproso realizan un acto ilícito, el leproso se acerca a él y Jesús lo toca y lo sana, es por eso que Jesús le pide silencio y reserva, para no tener problemas y seguir con su misión. Pero la alegría desbordante del enfermo sanado, lo lleva a contarle a todo el mundo lo que El Hijo de Dios había hecho en  él. Y es justamente este acto rupturista, contrario a las costumbres judías, la que condena a Jesús, a quien según  Marcos, ya no podía entrar en las ciudades, sino, quedarse y predicar solo en las afueras, y acudían a él de todas partes.

Comprensión del hecho

Con este milagro, Jesús nos muestra algo infinitamente esperanzador; está dispuesto a tomar nuestros dolores y sufrimientos para devolvernos a la vida. Porque este leproso estaba como muerto en vida, y al ser sanado por Cristo puede volver a la ciudad, a encontrarse con sus amigos y familiares, puede volver a la vida, ha sido liberado por Cristo. Porque así es el amor de nuestro Señor, gratuito y hasta el extremo, como dijo san Pablo. Jesús toma tu lugar y carga con tus pecados y sufrimientos y te limpia de ellos, y no le importa ser expulsado ni condenado, da la vida para darnos vida.

Por otro lado, Jesús nos  está enseñando como es el amor cristiano, como debemos actuar los que nos llamamos sus discípulos. Su amor se dirige con preferencia a los más pobres y desposeídos, a los que son discriminados por cualquier motivo, a los pecadores, a los sufrientes, a las víctimas, pero también a los victimarios. Por eso se decía de Jesús “este que bebe y come con pecadores”, porque somos nosotros, los pecadores, los destinatarios predilectos del amor de Dios. De los pobres es el reino de Dios, dice Jesús, “felices los que lloran, porque ellos hallaran consuelo”. Ahí está, son todos estos pobres y desposeídos los que más necesitan de nuestro amor  y de nuestra acción. Necesitan que les demos la mano, que los defendamos de la injusticia, que los abracemos cuando se sientan solos y que les sequemos las lágrimas derramadas por dolor.

El llamado de Cristo es a la acción, a la entrega de amor hasta el extremo, a no temer sufrir por la justicia como él lo hizo, a dar la vida para dar vida a otros. Es un llamado que asusta, pero con Dios todo es posible. Somos pequeños y débiles, pero en Cristo está nuestra fuerza. 

miércoles, 26 de enero de 2011

Ah las Regiones, de igualdades y desigualdades


Tras la conflictiva situación en Magallanes por las alzas al precio del gas, van apareciendo otros problemitas que atacan a las regiones. Y claro, en un país centralista como  Chile, donde todo se estandariza a la medida de la capital nacional, las condiciones particulares de cada región quedan desplazadas a simples datos estadísticos.

Y es que al paro indefinido en Magallanes, que ya llegó a su fin tras los acuerdos logrados por la mesa negociadora y el Ministro Golborne, ahora Calama amenaza con salir a la calle con gritos y banderas  negras si no se cumplen los acuerdos respecto a dejar en la comuna el 5% de las utilidades del cobre y una compensación por todos los años en que la ciudad no obtuvo ningún beneficio como zona productora, además de ser declarada zona extrema.

Yo mismo he bromeado con hacer de la II región estado federal. Seria genial para nosotros, todo lo del cobre para la región, además de potenciarnos aun mas como plataforma de negocios a nivel mundial, poder hacer alianzas estratégicas y económicas con argentina Bolivia y Perú. Un paraíso. Pero ¿y qué  pasa con los miles de chilenos que se benefician con lo que produce esta región? ¿No sería poco solidario y muy egoísta acaparar todos los beneficios?

Entonces es aquí cuando un comienza a clamar por la descentralización del país, mayor autonomía para las regiones, IPC regional, mayor capacidad para celebrar contratos y convenios con otras Regiones y con privados para favorecer su crecimiento económico, estabilidad laboral, disminuir la pobreza y mejorar calidad de vida de sus habitantes.
Cuando echo mano a mi Constitución Política de la Republica y leo su artículo 3 inciso 2° encuentro lo siguiente: “Los órganos del Estado promoverán el fortalecimiento de la regionalización del país y el desarrollo equitativo y solidario entre las regiones, provincias y comunas del territorio nacional.” Ahora ¿hay realmente esfuerzos por cumplir esta norma constitucional? Es una pregunta legítima cuando vemos que en el congreso duermen proyectos de ley respecto a elección popular de autoridades regionales como intendentes o gobernadores y cuando, en realidad, todo funciona desde el “centro” del país.

Entonces, lo que hay definitivamente detrás de todas estas revueltas ciudadanas, es una total negación del Gobierno (y de los anteriores) de reconocer la inexistencia de una verdadera agenda de descentralización, basada en las necesidades y virtudes de cada región, provincia o  comuna. El ejecutivo y los parlamentarios deben abrir los ojos y comprender que cada ciudad del país tiene sus propios conflictos y oportunidades y por lo tanto, no pueden ser tratadas como iguales.

Desarrollo solidario y equitativo, y en el sentido más clásico de equidad, ese que indica que no se pueden tratar igual dos cosas que son desiguales, ergo, entre una región pobre y otra rica, debe favorecerse el desarrollo de ambas con la mayor igualdad posible, y para eso, hay que tratarlas de manera desigual.




sábado, 15 de enero de 2011

Elección de carrera

                                                
Me imagino las miles de cosas que deben pasar por las cabezas de tantos imberbes  estudiantes egresados de cuarto medio, mientras deciden qué carrera elegir como futura profesión. A corta edad debemos elegir lo que haremos, seguramente, por los próximos 50 años de nuestra vida, a que dedicaremos nuestro tiempo y sacrificio, de qué forma pasaremos por este mundo, si atendiendo enfermos o en una oficina tomando decisiones importantes. Es algo fuerte si uno lo toma desde ese punto de vista.

La elección de carrera aparece como algo mucho más profundo que optar solo por qué carrera estudiar o si será en la universidad o en instituto, o si no estudiar y mejor trabajar, o emprender con un proyecto propio, etc. Y cuando pensamos que estamos sometidos a demasiados estímulos que nos llevan a pensar en el éxito personal excluyendo el bien común, se vuelve algo preocupante.

Elegir carrera no es fácil, a esa edad se desconocen muchas cosas que son fundamentales para esa elección. Pocos tenemos claro, a esa edad, que queremos hacer de nuestra vida, no tenemos grandes proyectos y no tenemos claro ni siquiera para que somos buenos. Uno elige carrera siguiendo al padre, o, en la mayoría de los casos en que uno es primera generación universitaria, siguiendo a amigos, tendencias, encuestas y una serie de elementos objetivos que pocas veces tienen que ver con el desarrollo práctico de la profesión. Unos te dicen que te guíes por el campo laboral, otros por el sueldo, la proyección, el status socio-económico, etc. Otros te dirán que te realices con lo que más te gusta, pero son pocos los que te guían a un equilibrio entre algo que te guste, sea factible y sobre todo, ayude a otros.

Extrañamente, la elección de carrera no se asocia mucho a la elección de profesión. Cuando entre a estudiar derecho, la mayoría desconocía el quehacer diario del abogado, y sé que en muchas carreras pasa lo mismo. Una vez un amigo me conto que cuando entro a estudiar sicología, la mayoría declaró en el primer día de clases, haber entrado en la carrea para auto descubrirse y comprenderse, cosa que en realidad, según sicólogos, no sucede, porque el objetivo es otro.

¿Qué pasaría si comprendiéramos que la elección de carrera implica una opción de trabajo y que con ese trabajo se puede ayudar o perjudicar a muchos? Nuestra opción debería estar encaminada a encontrar un buen lugar donde servir, encontrar el camino marcado por nuestros dones y cualidades, pero también, que contenga sacrificios para ayudar a otros. 

Debemos descubrir donde nos quiere poner Dios para mas amar y mejor servir. Tengo un amigo que podría tener mucho éxito como ingeniero aquí en Chile, pero decidió postular a Un Techo para mi País en Venezuela, para abrir la oficina de esta institución en ese país, agitado y complejo. El está tratando de servir donde más se necesita. No se trata de siempre irse de aquí, necesitamos  mucho y a muchos para pensar eso. Pero a veces el éxito nos aleja del bien, y si aprendemos a celebrar el fracaso, podremos hacer mucho mas por los que sufren y necesitan. Una elección de carrera es una elección de camino, delo medio para llegar al máximo bien.

martes, 4 de enero de 2011

Vivir como Cristo


No ha sido un tiempo fácil para los católicos. Hemos sido atacados y perseguidos, muchas veces con ignorancia y mala intención, otras veces, enrostrándonos nuestros errores y miserias con justa razón. Se han cometido errores, pero hay muchos que juzgan desde la ignorancia, y ese es el problema, que juzgan. Esos que acusan a la iglesia de Juzgadora e intolerante, hacen lo mismo con los miembros de esta iglesia, generalizando y olvidando que en todo hay bien y mal.

Sin embargo, este es un llamado de atención. Es un llamado a un actuar enraizado en el evangelio, que denuncie la injusticia y la maldad, a no callar los actos indebidos, sino, a crecer en transparencia. La tarea está en recordarles a todos que el evangelio es dar la vida para dar vida, es una entrega de amor gratuito en caridad y verdad, con transparencia y justicia. Y en ese actuar, llevar la liberación que Cristo ofrece a toda la humanidad.

No puedo decirle a alguien que critica los abusos sexuales de miembros de la iglesia que esta equivocado, pero puedo decirle que desconoce a la iglesia, su obra y a los miles de hombres y mujeres que dan la vida para que otros tengan vida, eso se les olvida a muchos. No quiero compensar errores con virtudes, no señor, quiero denunciar las distorsiones y los errores de una iglesia que se ha equivocado mucho y que debe profundizar en su experiencia de Dios, pero, a la vez, hacer notar que no solo hay errores, también hay virtud, y la idea es que la virtud suprima al error, con amor y verdad, como el mismo Cristo.
Pero no importa, siempre ha sido así y quizá no cambie, lo que tiene que cambiar es el mundo, y para eso necesitamos estar comprometidos y radicados en la praxis de  Cristo, en el evangelio liberador. Dios es amor y libertad, hay que dejarse llenar por Cristo, que sea él quien viva en nosotros, que nuestro modo de proceder sea el modo de proceder de Cristo.

No queda mucho más por decir, pero queda mucho mas por hacer, y ese es el llamado, a ser testigos y testimonio del amor del señor, de la transformación que Cristo produce en la vida, aquí en la tierra, en la forma de vivir y pensar, hasta de sentir y amar. Guíanos Jesús a ser mas como tu, a ganar en transparencia y amor, en valentía y verdad. Ayúdanos a ser activos, a hacer mas que a decir, a ser más que parecer.
Danos de tu fuerza y amor, para vencer nuestra debilidad, y así, poder amar  como amaste Tú y servir como serviste Tú